Tver. Situada 175 km al noroeste de Moscú, en la carretera que hoy día conduce a San Petersburgo, Tver se extiende a orillas del Volga. La ciudad fue fundada en 1135, en una región de densos bosques y terrenos pantanosos, que la protegió de la mayoría de los ataques de los mongoles. Tver alcanzo un gran desarrollo, convirtiéndose en una de las ciudades más ricas de Rusia y rivalizando con Moscú por la supremacía entre los principados rusos. Los moscovitas no dudaron en aliarse con los invasores mongoles para asesinar al príncipe de Tver y atacar la ciudad en 1326. Consecuencia de ello fue la definitiva superioridad de Moscú, futura capital de Rusia. Tver mantuvo una cierta importancia tras estos sucesos, pero a partir del siglo XV su declive se hizo patente. Tras la fundación de San Petersburgo, Tver recupero un cierto protagonismo, como una de las etapas principales en la ruta entre las capitales antigua y nueva. Varios edificios de estilo neoclásico fueron erigidos en esta época sobre construcciones preexistentes, tras un incendio que arraso el centro histórico. En 1941 Tver fue escenario de duros combates entre los ejércitos alemán y soviético durante la Segunda Guerra Mundial, y la ciudad fue casi totalmente destruida. Algunos de sus edificios más importantes fueron restaurados y pueden ser admirados hoy.

Tour panorámico de Tver. La ciudad conserva aún ciertas huellas de su pasada gloria. El edificio más antiguo es la iglesia blanca de la Trinidad (1564), situada en la periferia de Tver. En el centro, la mayoría de edificios que han sobrevivido a la destrucción de la Segunda Guerra Mundial son de estilo Neoclásico, siguiendo las órdenes de Catalina la Grande tras un gran incendio que destruyó Tver. La catedral de la Transfiguración es el más notable de entre ellos. Podremos admirar igualmente el Palacio de Viaje de Catalina la Grande, que la zarina mandó construir para alojarse allí durante sus viajes entre Moscú y San Petersburgo. Otros monumentos de interés son el Teatro Dramático y los Barracones Morozov.