Kizhi. La pequeña isla de Kizhi, con sus 7 km de largo y 500 m de ancho, es una de las numerosas islas que perlan el norte del Lago Onega, en la bellísima región de Carelia, cuyo legado cultural se divide entre Rusia y Finlandia. Es un auténtico tesoro arquitectónico, una maravilla por descubrir y uno de los destinos de más interés en Rusia. Destacan el recinto parroquial –pogost-, constituido por 2 iglesias del siglo XVIII y un campanario octogonal. La joya de este conjunto único es la iglesia de la Transfiguración, coronada por 22 cúpulas de madera plateada, así como la vecina iglesia de la Intercesión de la Virgen, construida en 1764. Ambas han sido edificadas íntegramente en madera, sin utilizar ni un solo clavo ni tornillo. Se pueden admirar además otras obras de carácter religioso, un típico molino de viento (el más antiguo de Rusia) así como numerosas viviendas y granjas de madera, e incluso una típica Banya rusa, similar a una sauna. El carácter excepcional de este conjunto arquitectónico le ha valido ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.